8 personajes para crecer como Emprendedor

8 personajes para crecer como Emprendedor

Cada día es un reto mayor la costosa tarea de emprender en estos tiempos, otra cosa es lo fácil que lo venden los que lo hacen instrumento de sus intereses.

Que diferente a todos esos años de empresario cotizado, comprometido siempre, sin tiempo apenas para atender novedades, hoy me integro casi invisible en la triste rutina del “PAUSE” que vivimos e intento evangelizar sobre oportunidades, y tejer redes que permitan hacer que pasen cosas…

Hoy me apetece contaros de los personajes, de esa fauna humana cotidiana con la que como emprendedor me encuentro repetidamente cada día. Siempre se encargan de enseñarme algo, veamos:

El realista. Este se pasa de asertivo, que agradeces que te hagan “pisar el suelo”, que como si todo estuviera ya hecho repite ¿qué vas a inventar ahora Pepe?, qué es la realidad, que es lo que hay, que ¿dónde vas?,  ¿quién te crees que eres?.

Con este he descubierto que desnudando mi entusiasmo y pasión, contándole estrategias y objetivos que se cumplen, se hace pequeño, y termina por desaparecer.

El juez. Este apenas oye una frase emite juicio, parcial y subjetivo, pero tajante. Y además sigue con sus argumentos y te diseña lo que tienes que hacer. La verdad es que al verlo tan convencido no sabes si darle las gracias, para que se lo crea un poco más. Pero dejé de darle importancia, tiene que verse lo del oído.

El toxico. Ya no importa si te has duchado, sales del encuentro sucio, pues te vomita un futuro oscuro, imposible. Notas como una nube oscura se pone encima y te encojes como evitando un contagio inminente. Lo bueno es que al final casi terminas por inmunizarte.

El empleado. Futuro socio que quiere colaborar, bueno, parece que su entusiasmo se acerca a la visión de un empleo que le “soluciona la vida”, y te deja hacer, que hace lo que le digas. Y lo ves metafóricamente cómo se te sube a los hombros para que lo lleves, cómodo y sumiso.

El casi socio. Te sigue, pero a distancia. “Lo tuyo es interesante, y vamos a colaborar” te dice, y así terminas compartiendo el plan de negocio, objetivos, estrategias,… porque creo que juntos se puede llegar más lejos. Pero cuando analizas el correo, ves cómo se acumulan envíos de archivos adjuntos que quizás ni siquiera ha leído, y ves lo pobre de su aportación. El plazo se alarga y a expensas paralizas decisiones que quieres consensuar, y el calendario te advierte que el tiempo se consume estéril.

La vieja del visillo. Lo ves venir y se te altera el pulso, porque aunque tan solo hallan pasado tres días desde la última vez que te vio, vuelve a preguntarte: ¿qué haces ahora?, ¿cómo van los negocios?, ¿estas vendiendo mucho ya?,… Percibes una sonrisa maligna, como regodeándose de tu presunta “torpeza”, entusiasmado por poder hacerlo “chascarrillo” por ahí.

El fans. Este es fantástico, vive cada nueva iniciativa, cada hito, con entusiasmo. Y te llena de alabanzas. ¡Yo no soy capaz!, dice, y vuelve de nuevo a mostrarte su confianza ciega. La verdad es que te despierta el ego y te pone un poco las pilas. Y sigues caminando un poco más “estirao”.

El coach. Este es el que te escucha de forma genuina. Ves que parece que no le molesta lo que le cuentas, es más, te hace preguntas, y así, te dejas llevar, y hablas, hablas, dejando ver todo el entusiasmo y pasión que atesoras. Y entonces te escuchas la respuesta a muchas dudas, y te dices: ¡cómo no había caído antes!. El verdadero coach suele escasear, ahora, cuando te lo encuentras lo celebras con gozo.

La verdad es que todos ayudan, te hacen cada uno a su manera que aprendas, que te conozcas, que encuentres claves para entrenarte para superar barreras, las de las circunstancias, las de los demás con sus intenciones y las propias tuyas con tus dudas y miedos.

Y hay muchos más. Y tú, te has encontrado con alguno de ellos.

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