Emprendedor, ese loco aflorador de posibilidades.

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Ayer le pedí a un colaborador de Alma Shoes, bueno de momento proveedor de zapatos, su opinión sobre mi proyecto y mis ideas de negocio. Eligió su rostro una sonrisa cómplice y con convicción afirmo: ¡estás loco!, ¡no sabes dónde te metes!, ¿sabes lo complicado que es hacer zapatos y lo difícil que es venderlos?.

Claro que lo sabes, y si lo dejaste hace 4 años funcionando bien, ¡como deberías estar entonces de harto!, y ahora vuelves conforme están las cosas de mal a complicarte la vida.

Necesitas poner de acuerdo muchas voluntades, vas a necesitar mucha energía y paciencia. ¡ESTÁS LOCO!,… aunque a veces los locos son los que triunfan.

Siempre he tenido un sentimiento de coraje al ver como desperdiciamos oportunidades que se manifestarían si aplicaramos una visión sistémica y una verdadera voluntad de trabajar en equipo, generando redes colaborativas y acción, para ganar/ganar. Además, una cosa es evangelizar sobre esto desde la posición cómoda que me daba la seguridad de unos ingresos fijos cuando tenía mi empresa, otra distinta lo es cuando en esta situación actual parto de la difícil posición de tener que buscarlos. Esa necesidad potencia más si cabe mi actitud y mi locura.

Redes Sociales, actividades de Networking, espacios para impulsar a emprendedores, Coaching, “buenrolling”,… después de un tiempo me siento como el niño que sin complejos se sincera y afirma en alto ¡¡¡me aburro!!!. Me aburro de tanta intención y tan poca acción, de aconsejadores en lugar de facilitadores, de gurús en lugar de atrevidos exploradores y hacedores de cosas. Por eso necesito hacer, hacer, hacer. Aunque me llamen loco y el objetivo parezca imposible. Lo necesito como el respirar.

Hace 22 años me llamaron loco cuando quería crear, aplicar artes para diferenciar los zapatos, y en lugar de dejarme enseñar mis trabajos para poder juzgarlos, me respondían con las bondades de “artistas” de referencia que eran tan buenos, y dejaban mi maleta cerrada. En poco tiempo el artista era yo.

Me llamaron loco cuando “avise” de que lo dejaba, que qué iba a hacer entonces. El índice de locura parecía crecer en la percepción de muchos, dolorosamente también en los más cercanos cuando quise hambriento de curiosidad entregarme al conocimiento del comportamiento, a explorar los fenómenos y tendencias de futuro y a entrenar las habilidades necesarias.

Y en esos nuevos escenarios (Coaching, Comunicación,…), he sufrido a veces la sentencia de que mi destino era hacer esos trabajos para el calzado en los que era tan experto (trabajos para otros), que en eso era realmente bueno. ¡Y que saben ellos!, mi humildad me ha hecho entender sus intenciones y que en determinados espacios, precisamente donde más se predica la escucha, también se sufre de sordera. Y así la Creatividad, loca por manifestarse ha preferido abandonar espacios donde se la hace invisible. Que habrá oportunidades en el futuro para exponer lo que tengo que decir.

Qué derecho tienen a predicar sobre reinventarse quienes mantienen la cómoda protección de un puesto que asegura los recursos, qué derecho tienen a invitar a emprender quienes nunca han pagado una nómina. Mientras cada vez más “escuelas” enseñan sobre caminos que no han explorado, estos caminos están yermos de inventores de futuro.

Por eso pienso, que bendita locura, la que da sentido a la vida, la que me hace sonreír con toda mi alma, la que me hace llorar con todas mis lágrimas.

Con ella debo entrenar el liderazgo para inclinar una balanza “imposible” que cree verdadera acción, con ella aprendo a detectar factores de influencia desproporcionada que permitan que las cosas pasen en poco tiempo.  Con ella puedo superar la barrera de los recursos limitados, la de la desmotivación endémica que sufrimos, las barreras del status quo, las creencias limitantes y los intereses creados. Si, de esto irá mi próximo post.

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